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Familias víctimas de la violencia, ahora, con Mi Abrigo y Haku Wiñay viven mejor

En las comunidades rurales del Perú, como el caso de Ayacucho, aún queda en el inconsciente colectivo, como huella indeleble en la mente y en el corazón de muchas familias los años de violencia política que vivieron cuando eran niños y niñas. Hoy, felizmente, ya de adultos, han encontrado una nueva oportunidad para salir de la pobreza y vislumbrar un futuro mejor.

José Aguilar Taipe, su esposa, su hija y sus dos nietas viven en el centro poblado de Purus, distrito de Santillana, en Huanta. Esta familia abriga sus sueños y sus esperanzas en una ‘casita caliente’ acondicionada por el proyecto Mi Abrigo que lo protege de las heladas, y además, con Haku Wiñay trabajan en proyectos productivos que les permite tener ingresos económicos sostenibles.

Pese al tiempo transcurrido, vienen a su memoria como fotografías del recuerdo aquellas infaustas experiencias que les tocó vivir. “Yo nací en el año 1968, cuando tenia 12 años, empezó el terrorismo. Matanza por aquí y por allá. Una madrugada como 250 terroristas ingresaron a mi pueblo y quemaron todas las casas, mi familia murió, hasta ahora no aparecen”, recuerda, se le hace nudo la garganta y se quiebra.

Entonces la vida de José y otros niños de Purus se sumergió en días y noches de desesperanza. “No había comida, no había ropa, sin zapato, con miedo por lo que pueda pasarle a los que quedamos sobrevivientes. Así difícil vivir en Ayacucho”.

Calor y esperanza.

Tres décadas después, felizmente, José vive otra realidad. Tiene una familia con la que pasa sus días y noches en paz, de la mejor manera posible. Con el apoyo del Estado está logrando superar sus carencias económicas y sueña con la posibilidad de una vida mejor.

“Ahora, tenemos esta casita que nos abriga. Estamos muy agradecidos al Estado, igual que todos los demás usuarios. En este tiempo, cae fuertes heladas. Antes, solíamos dormir con nueve frazadas y no era suficiente, aquí hace mucho frio”.

Sentado sobre su cama tiene la actitud y la mirada de optimismo. “Estamos alegres por el calor dentro de la casa: mi esposa, mis hijos y mis nietos”.

José y su familia, no solo se abrigan en su vivienda térmica contra las heladas, también se alimentan mejor con los cuyes, las gallinas y hortalizas del proyecto Haku Wiñay. Disponen de cocina mejorada a leña, consumen agua segura (hervida) y tienen la esperanza de tener su propio emprendimiento para salir de la pobreza.

Al igual que este ayacuchano, más de 3 mil familias de 13 regiones del país ya se guarecen en sus ‘casitas calientes’ del proyecto Mi Abrigo. Y con Haku Wiñay/Noa Jayatai, 2017 mil hogares de la sierra y selva trabajan en el desarrollo de capacidades productivas y emprendimientos rurales orientados a la inclusión social y económica en el mundo rural.

Lima, 18 de junio de 2019

Unidad de Comunicación e Imagen

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